Seguridad fronteriza para detener la ola migratoria centroamericana en su origen

El presidente Trump tiene razón al fortalecer la seguridad fronteriza para disuadir a los contrabandistas y detener el flujo de inmigrantes ilegales. Pero eso es sólo la mitad de la solución. La otra mitad es contener los «factores de empuje» que impulsan a las personas, principalmente a los centroamericanos, a hacer el peligroso viaje al norte en primer lugar.

La crisis es real. En dramático testimonio del Congreso esta semana, el secretario de Seguridad Nacional Kirstjen Nielsen dio detalles desgarradores de la catástrofe en nuestra frontera sur.

«Los contrabandistas y los traficantes se han dado cuenta de que las leyes obsoletas, la falta de recursos y las malas decisiones judiciales les dan un boleto gratis a Estados Unidos», indicó. «Como resultado, el flujo de familias y niños se ha convertido en una inundación», un aumento del 620 por ciento en los últimos cinco años en el número de familias, o aquellas que se hacen pasar por familias, detenidas en la frontera.

Los contrabandistas explotan a mujeres y niños, y con frecuencia los violan en el camino. «Esto no es una crisis manufacturada», concluyó. «Esto es realmente una emergencia». Ella tenía razón. Aun así, el gobierno de Trump debe hacer más para comprender por qué miles de millones de dólares en ayuda estadounidense no han logrado detener las salidas de migrantes de los principales países de origen: Guatemala, Honduras y El Salvador.

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