LOS BORINQUEÑOS

Sam Rodriguez

Comentarista Social

Cuando somos bendecidos con el milagro de ser padres y vemos a nuestros hijos dar sus primeros pasos vemos que todo es posible y cuando ellos dan dos pasos, corremos, aplaudimos, gritamos, y nos comunicamos con familiares y amistades. Hoy en día, rápidamente, le tiramos unas fotos o filmamos un video, o hacemos un video para “facebook” o “twitter”, o un mensaje de texto; todo esto sin pensarlo.
Prácticamente, estamos listos para comernos al mundo si es necesario. Aquí mismo, mientras escribo, estoy recordando mis experiencias de cómo me criaron y cómo crié a mis hijos. Cuando mis hijos se enferman yo sufro y me pongo grave. Les voy a contar una pequeña historia.
Una vez, mi hijo menor se cayó de una silla y se fracturó un codo. Me molesté tanto que ni podía llevarlo al hospital. Pero bueno, llegué y le enyesaron su bracito. Años después, vi cuando un perro atacó a mi hijo mayor. El susto fue tan grande que entre lágrimas y llantos me desmayé. Luego nos acostumbramos a los sustos que nuestros hijos nos dan. ¿Pero qué sentimos cuando despedimos a un hijo o a una hija? Ese vacío es demasiado fuerte…le echamos la bendición y oramos por su regreso. Luego uno se acostumbra a verlos ir y regresar, pero sabemos que los desvelos son interminables.
Sesenta y dos (62) años atrás, cuatro jóvenes amigos puertorriqueños del pueblo de
Arecibo decidieron ingresar al ejército y con eso arriesgaron sus vidas, su juventud, y el sufrimiento de sus familias. Los cuatro jibaritos que nunca habían salido de San Juan se fueron y juraron bandera en Fort Buchanan e ingresaron al Regimiento 65 de Infantería que estaba estacionado en Corea. (El 65 fue establecido por el ejército americano en los años 1917-1920 exclusivamente para soldados puertorriqueños que existían desde antes que llagasen los americanos a Puerto Rico.) Pero al inscribirse para el servicio militar estos jóvenes de 17 años alteraron sus edades para poder servir sin la autorización de sus padres. En aquella época, muchos de los que fueron a pelear por la nación eran menores de edad y en Puerto Rico mentir sobre la edad era común.
Esos cuatro menores de edad salieron del seno de sus hogares y fueron enviados a un lugar completamente desconocido, una situación horrible, y en unas condiciones de guerra que jamás imaginaron. Tres de ellos nunca regresaron. El sobreviviente de este grupo quien salió prácticamente un niño, con sus hermanos compatriotas boricuas hacia la guerra, regresó un joven con experiencias y recuerdos traumáticos que cambiaran su vida y dejaron huellas que jamás olvidará. Así mismo le sucedió a muchos otros soldados puertorriqueños del Regimiento 65 de Infantería. Los soldados del 65 fueron los peores tratados entre todos los soldados que estuvieron en unidades de combate, cuando fueron segregados por razones raciales, no tanto por sus razas sino por ser hispanos. Con todo y eso el 65 fue una de las mejores unidades de combate sumamente sacrificada por Estados Unidos. El 65 estuvo expuesto a las peores condiciones y misiones de guerra tanto en el campo de batalla como fuera del mismo. En el monumento de Corea en Washington, DC no existe un reconocimiento a los borinqueños quienes siempre cargaban con sus banderas, guitarras, rosarios, y sus manchas de plátano. El puertorriqueño común es un ser familiar, humilde, y orgulloso de su isla y de ser americano. En este artículo en particular, me refiero a Alfredo Martínez-Robles; él ingresó al ejército el 6 de abril de 1951. Por su parte Alfredo Martínez-Robles estuvo 13 meses en el frente de guerra, recibió una medalla de servicio en Corea y dos estrellas de bronce. Al regresar re enlistó al servicio activo como infantero.
Sesenta(60) años después Alfredo vino a vivir a Maryland con su hermana Lydia E.
Santiago. Fue entonces cuando finalmente fue reconocido y ayudado por el Departamento de Veteranos de los Estados Unidos. Lamentablemente Alfredo falleció el 7 de febrero del 2010. Murió deseando su merecido reconocimiento por sus servicios militares y así mismo muchos borinqueños están falleciendo sin ser reconocidos. Nosotros trabajamos voluntariamente para que veteranos borinqueños como Alfredo Martínez-Robles reciban una merecida Medalla de Oro del Congreso. Ya estamos a casi mitad del camino en este proceso. Necesitamos el apoyo de la comunidad. Usted puede unirse a este Capítulo Histórico con tan solo comunicarse con su representante y se nador. Llame al senador Ben Cardin al 202-224-4524 y a la senadora Bárbara Mikulski al 202-224-4654 y dígales que co-auspicien S 1174.
Esto es sumamente necesario y cuando usted tenga la oportunidad de conocer a un
veterano dé las gracias por su servicio y sus sacrificios. Gracias a los sacrificios de ellos hoy en día se celebra el mes de la Herencia Hispana, y gracias a los veteranos de Corea hoy en día existe una comunidad vibrante de Coreanos que tienen negocios, cámaras de Comercio, iglesias y contribuyen grandemente a la economía y progreso de la nación. Mientras que nosotros estamos luchando por nuestra dignidad y nuestros veteranos que tanto sacrificaron.

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