VICTORIA DEMÓCRATA EN NUEVA YORK, VIRGINIA Y NUEVA JERSEY

Los republicanos perdieron los comicios del martes 7 en Nueva York, Virginia y Nueva Jersey. Una triple derrota que está cargada de simbolismo. Después de un año de sinsabores, los demócratas pudieron por primera vez cantar victoria. La vista ahora está puesta en las elecciones legislativas y estatales de 2018.

Este triple triunfo aportó a los demócratas nuevas energías. Los vencedores quisieron darle a su avance relevancia nacional y a su vez convertirlo en un test de las elecciones del 6 de noviembre de 2018, donde se renueva toda la Cámara de Representantes, un tercio del Senado y 39 gubernaturas. “Ha sido un referéndum sobre los valores americanos”, expresó el presidente del Comité Nacional Demócrata, Tom Pérez.

En ninguna de las contiendas, la victoria trastocó las expectativas. En los tres enclaves ya había ganado Clinton durante las presidenciales, y en dos (Nueva York y Virginia) el gobierno estaba en manos de los demócratas. Pese a esto, cada victoria trajo una pequeña guinda que los progresistas disfrutaron con regocijo.

En Nueva York, el alcalde, Bill de Blasio, aplastó a su oponente. Logró la reelección con el 66,5% del voto frente al 28% de su rival republicana, Nicole Malliotakis. Este triunfo lo ubica como el primer demócrata que revalida el puesto en la megalópolis desde Ed Koch (1979-1989).

En Virginia estuvo más puntiaguda la victoria (8,5 millones de habitantes), un Estado que se mira con lupa por su capacidad de ósmosis con la política nacional. Las encuestas se habían mostrado hasta cierto punto dudosas y la voraz campaña del candidato republicano Ed Gillespie logró revivir escenas trumpianas.

Este antiguo lobista y consejero de George Bush hijo, en su carrera a gobernador desarrolló un doble juego. Por una parte, evitó estar junto a Trump en las presidenciales y limitó su apoyo a frecuentes tuits; peropor otra parte, hizo suyo el discurso del multimillonario republicano y no dejó de atacar la inmigración, apoyar los monumentos a héroes confederados y criticar a los jugadores negros de la liga de fútbol americano que se arrodillan durante los partidos en protesta por los abusos policiales.

Pero esta estrategia basada en duplicar a Trump sin Trump no le benefició. Su rival demócrata, el vicegobernador Ralph Northam, aprovechó el encono que despierta el presidente en su Estado. En una campaña sosegada, este antiguo médico y veterano de la Armada mantuvo el discurso progresista y ganó por nueve puntos de diferencia.

Pero nada más conocerse el resultado, el presidente Trump marcó distancia con el perdedory tuiteó desde Corea del Sur: “Ed Gillespie trabajó duramente pero no se sumó a mí ni a lo que represento”.

El éxito que redondeó la alegría demócrata la dio Nueva Jersey (9 millones de habitantes), donde el exfinanciero de Goldman Sachs y antiguo embajador Philip Murphy venció por 13 puntos al lugarteniente del gobernador republicano Chris Christie. Si una vez el nombre de Christie sonó como posible aspirante presidencial, sus tumbos y deslices pronto lo menguaron. Su último escándalo ocurrió en julio pasado cuando tras cerrar una playa al uso público, acudió él con su familia a ocuparla. Su imagen con gorra y arrellanado en una sillita pulverizaron su futuro por muchos años.

Estas victorias han evidenciado que los demócratas son una fuerza formidable, con un absoluto dominio del voto urbano, no obstante, falla en el espacio rural. Ahí donde late la América profunda, aún mandan los republicanos.

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